Otro pasito más

Y este con otra invitación. No para el encuentro de verano, que este ya lo hice, sino para orar.

2Hace tiempo, en un trabajo sobre evangelizar hoy y nueva evangelización leía: «La vida florece o fructifica, a veces, en horas primaverales o estivales; pero la vida se teje también, simplemente, viviendo, sin ruidos ni colores, en horas invernales. La vida puede mantenerse silenciosa en esa clandestinidad de lo invernal, hasta que la trama de los días contribuya a poner de relieve, con el primer brote, con la primera flor nueva, que el paso del invierno no pudo agostar la vida, sino que contribuyó a robustecerla».

No podría decir si este tiempo de verano es tiempo de frutos o tiempo de “tejer vida y de espera de frutos”. Sí que tengo y quiero decir que este campo preñante de la evangelización está a la vez fructificando y a la espera.

Es por esta razón por la que, con la fuerza del Espíritu, os invito a la oración misionera.

Por otra parte, a la luz de la Encíclica Lumen Fidei quiero recordar que nosotros, quienes nos pensamos “dentro”, necesitamos el encuentro evangélico y evangelizador con el Dios que comenzó dialogando con Abrahán e invitándolo a una aventura nueva. ¿Aceptas la invitación?

Con el padre de nuestra Fe

Dice Dios:
Sal de tu tierra.
Deja la casa paterna.
Y ponte en camino.
Yo te mostraré otra tierra.

No te quedes.
Aquí unos hombres
han puesto cadenas a otros hombres.
No te acomodes a esta situación.
No consientas lo más mínimo.
Di: ¡No!
Ven y sígueme.
Vamos a hacer otra tierra.
Una ciudad verdadera.

Salió Abrahán a caminar por el desierto
y no había más que arena.
Caminó muchos días y muchas noches.
Aprendió a mirar lejos, muy lejos.
Sus ojos no se cansaron de buscar.
Al fondo estaba la esperanza:
la Tierra Prometida.

Se hizo su mirar profundo,
guiado por la luz impalpable de la fe.
Sabía pisar tierra,
pero su mirada estaba colgada del infinito.

Plantaba cada noche la tienda del futuro
sobre la arena fugitiva del presente.
Madrugaba cada mañana para seguir adelante
y anunciaba día a día lo nuevo.

Caminó Abrahán hasta su muerte,
sin saber exactamente a dónde iba,
fiándose de Dios,
en busca de la Tierra Prometida.

Por Ti, mi Dios, cantando voy
la alegría de ser tu Testigo, Señor.

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