¿Y los resultados?

Últimamente me estoy encontrando en misiones con una especie de sospecha que pregunta por los resultados: ¿para que sirve una misión? ¿qué vamos a conseguir?

Hoy día de los todos los santos misioneros anónimos o sin reconocimiento público, como Msñor. Romero, me he preguntado, ¿para que habrá servido la vida entregada de tantos por el evangelio, si los resultados parecen indicar un fracaso? ¿Para que ha servido la vida de Jesucristo que murió fracasado en una cruz?

Y me ha venido a la mente la afirmación de san Pablo: Los judíos piden señales, los  griegos buscan sabiduría (que González Faus leyó de esta manera: “los marxistas piden eficacia y los occidentales (capitalistas) sentido común”), pero nosotros seguimos anunciando a Cristo crucificado, escándalo para los unos y necedad para los otros.

No; no dejo de buscar conseguir unos objetivos en cada trabajo misionero. Pero pienso que los cercanos seguimos fijándonos en las apariencias, aunque sabemos que Dios mira al corazón. O sea, a todas esas cosas que sólo conoce Él.

Tanto el trabajo evangelizador de todos los días en las parroquias y en los pueblos, como el trabajo no-ordinario misionero, aquí y en el tercer mundo, tienen sentido. ¿Quiénes son estos y de donde han venido? Son los que han superado con fe las dificultades y han lavado sus túnicas con la sangre del Cordero; o sea, amando contra viento y marea, porque la sangre en cuanto sangre no limpia, sino que mancha.

¡Animo, valientes, vamos a seguir anunciando el evangelio y misionando!

20120325

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